
de pronto el aire trae un aroma que nos atrapa y antes de que hayamos tenido tiempo de reflexionar, antes incluso de poder dar nombre a lo que acabamos de sentir, nos detenemos un instante suspendidos en un recuerdo fugaz que creíamos olvidado, no como una idea o un relato, sino como una presencia física que reaparece por un instante dentro de nosotros
ese momento contiene la prueba de que no sólo somos mentes que ponemos palabras y relatos a nuestro recuerdos, somos cuerpos que guardan la huella de lo que ha sido vivido y a veces olvidado por nuestra conciencia pero nunca borrado del todo
esta memoria difusa, mas corporal, mas difícil de captar, se manifiesta como un pequeño escalofrío ante una situación, una tensión repentina, una relajación ante alguien presente o tal vez una alteración de la respiración por algún sonido o palabra, el cuerpo responde con unas señales sutiles que llegan desde el interior como una forma de conocimiento más profundo
esta clase de memoria, no pide permiso a la conciencia para actuar, es el cuerpo que recuerda
ref: 29


Volver