el hecho de andar introduce un ritmo: el cuerpo avanza, la mirada se adapta, se centra y se dispersa alternativamente sin esfuerzo
la observación deja de ser fija y se vuelve fragmentada , ligada al paso, no hay una imagen única, sino una sucesión de pequeñas percepciones, un cambio de luz, un canto breve, una forma que aparece y desaparece
y en ese movimiento algo se reorganiza, los pensamientos se vuelven ligeros, menos insistentes, el cuerpo ocupa todo el presente, avanza, respira, mira, percibe
y al andar, ¿qué queda en nosotros de la naturaleza cuando la observamos ?
lo que queda es una sensación de ajuste, como si durante ese tiempo hubiéramos dejado de imponer ritmo a las cosas y nos hubiéramos acompasado con el de la naturaleza, el que ya estaba ahí, el ritmo natural de la vida
ref: 2574
las fochas arrancan tallos de enea para construir sus nidos flotantes en la orilla resguardada del río, los gazapos salen de sus madrigueras y las golondrinas, llegadas de África, retoman sus charlas de amigas en las alambradas, como viejas conocidas que nunca se han ido del todo
los mirlos, en su urgencia de primavera, elevan el tono y desplazan el canto más contenido de petirrojos y verderones que resisten en segundo plano desde el álamo
mientras tanto, los ánsares se agrupan para iniciar su viaje hacia el norte, antes de partir, recorren con prisa la orilla del pantano, picoteando las briznas tiernas de la sementera, se preparan para cambiar de luz y de paisaje
y en los bordes húmedos, casi desapercibidas, las margaritas siguen abriéndose, ajenas al movimiento, sin ruido, pequeñas y constantes, testigos silenciosos en ese fluir continuo de la vida sin principio ni fin
ref:2573
a veces una composición aparece limpia y serena más allá de lo esperable, más allá de lo buscado y me sorprendo
a veces cuando busco el equilibrio, la simplicidad y la armonía en una composición pareciera que lo busco para mí
como si el acto de ordenar frutos y hojas fuese una forma de ordenar mis propios pensamientos
ref: 2572
no hay jerarquía entre los elementos, cada forma existe por sí misma, sin intentar imponerse a las demás, no busco ningún relato
no hay técnica, no hay objetivo, no hay control
no analizo, no corrijo, solo me detengo y contemplo
ref: 2571
la misma pluma de rabilargo, girada y superpuesta, genera una forma nueva en el centro, una pluma imposible, azul, nacida de cruce
un juego visual donde repetir no copia, sino que produce algo distinto
ref: 2570
que el ruido baje un poco, que lo pequeño vuelva a tener peso y que la naturaleza, sin prisa, nos siga esperando
Feliz 2026
ref: 2569
la mente humana tiene una gran capacidad para construir relatos coherentes a partir del caos, y ahí nace la sensación de que “tenía que ser así” cuando algo fortuito ocurre en nuestras vidas
en la ciencia, el azar no es un error, sino parte esencial de cómo funciona el mundo, el universo no sigue un guión detallado sino que responde a leyes generales que permiten múltiples e impredecibles resultados posibles, por ello nada está escrito en detalle, pero tampoco todo es arbitrario
decir que las cosas “ocurren por algo” puede entenderse como una inquietud humana de dar sentido a todo, como una manera de reconciliarnos con la incertidumbre que nos abruma, de aceptar lo inesperado
los hechos no están escritos de antemano, pero adquieren significado según cómo los integramos en nuestra vida, creo que el azar genera posibilidades y la vida selecciona, interpreta y da respuesta
ref: 2568
el otoño ha sido, desde siempre, la estación de la cosechay el agradecimiento, el momento en que la naturaleza ofrecía sus frutos y los pueblos celebraban la abundancia, pero ya esa celebración ha desaparecido casi por completo, el momento de agradecer se ha diluido al mismo ritmo que la memoria de un tiempo en el que estos frutos marcaban el pulso del año
os invito a recuperar por un instante esa memoria y gratitud por lo elemental, a recordar que incluso en un tiempo de desconexión de los ritmos naturales, la naturaleza sigue celebrando su propio ciclo, ajena a nuestra distracción, ofreciéndonos cada año una cosecha aún sin testigos
ref: 2567
a través de la erosión y el tiempo, cada roca ha adquirido una forma distinta, la roca inferior, rugosa y erosionada hasta crear un vacío se muestra acogedora, la superior, pulida y perfecta, encuentra reposo en ella, dos elementos que al unirse, generan más significado del que poseen por separado
hay una aparente contradicción, lo pétreo se muestra blando y receptivo y lo pesado parece flotar y sin embargo, son igualmente duras, igualmente antiguas, igualmente testigos del mismo proceso geológico
hay calma y coherencia en la imagen porque la mente percibe que entre la dos rocas hay un vínculo que recuerda el gesto familiar de abrazar y ser abrazado
ref: 2566
diez años después del original he vuelto a hacer esta foto con casi los mismos elementos que aquella, regresa idéntica y distinta, como si la naturaleza hubiera aceptado participar en un ritual de retorno
repetir la imagen después de este tiempo es observar cómo no soy la misma persona que tomó la foto original, y sin embargo, permanece una mirada que encuentra belleza en lo pequeño, en lo que otros pies pisan sin pensar
y es que lo que creemos efímero deja huellas y que la experiencia no borra la emoción del inicio, sino que la hace más profunda, por ello esta imagen celebra la evolución de una mirada, la persistencia del asombro y la forma en que, a veces, volvemos al punto de partida para comprobar que hemos avanzado
ref: 2565
el escritor francés George Perec se preguntaba: “¿Qué pasa cuando no pasa nada, salvo el tiempo, la gente, los coches y las nubes?”
me interesa mucho esta idea que Perec llamó lo infraordinario en su libro del mismo nombre y es que vivimos condicionados a buscar lo espectacular, lo noticiable, lo excepcional, pero, en ese gesto, dejamos fuera la mayoría de los fenómenos que conforman nuestra existencia
lo infraordinario no es lo irrelevante, es lo que ha sido relegado por la costumbre, aquello que se vuelve invisible por exceso de presencia
desde un punto de vista científico, la biología, la geología o la física demuestran que lo esencial ocurre en escalas o tiempos que el ojo humano no percibe directamente como el crecimiento de una hoja, la erosión de una piedra o la lenta descomposición de la materia orgánica, por ello lo infraordinario, en este sentido, es una invitación a reconectar con esos procesos lentos y persistentes que sostienen la vida
en esta composición intento hacer un ejercicio de atención, volviendo a mirar lo que creo conocer, a reconocer que ninguna cosa es demasiado ordinaria como para no contener algo revelador, y en última instancia, el gesto de recoger, alinear y observar con lentitud y curiosidad, se convierte en un acto de resistencia ante esa indiferencia de la percepción
ref: 2564
las hojas secas de cardo escriben sin tinta
sobre el fondo blanco se alinean como frases quebradas, trazos orgánicos de una lengua que nadie pronuncia
su curvatura no es azarosa, son las fuerzas internas de la hoja —la tensión de sus fibras, la deshidratación desigual, la memoria del tallo— las que moldean su caligrafía
cada hoja es una palabra vegetal escrita por la naturaleza en su propio idioma
ref: 2563
a los científicos se les resistían los mecanismos por los cuales se producía la caída otoñal en las plantas, se sabía que la disminución de las horas de luz y la bajada de temperatura estaba detrás de ello, pero había algo más complejo que se escapaba a sus análisis y tras 20 años de observación de ciertas zonas boscosas, científicos estadounidenses y australianos han determinado que si un árbol iniciaba el crecimiento primaveral un día antes, definido tal momento como la fecha en que había brotado el cincuenta por ciento del follaje o en que las hojas habían adquirido la mitad de la longitud definitiva, el otoño se anticipaba un promedio de 0,6 días en ese árbol, piensan que es posible que las hojas estén programadas para caer a cierta edad y que la senescencia se inicie antes si la primavera lo hace también
la observación para algunas personas llega hasta límites insospechados
por si alguien tenía duda de que la paciencia es la madre de la ciencia
ref: 2562
a penas se abren los pétalos comienzan a caer y es que los comienzos y finales están enlazados al igual que en la materia
nada se crea, nada se destruye, todo se transforma
pétalo de amapola Papaver rhoeas
ref: 2561
«mantén tu rostro siempre hacia la luz y las sombras caerán detrás de tí»
Walt Witman, poeta estadounidense del siglo XIX
ref: 2560
esperar con calma a que las cosas sucedan al ritmo que le son propias
sin apresurarse, sin detenerse
ref:2568
lo cotidiano está lleno de pequeñas rutinas , de pequeñas cosas ordinarias que tienen su propia magia, prestarles atención nos permite conectar con lo que nos rodea y encontrar instantes de belleza fugaz
cortar cebolla morada, tan simple como eso
ref: 2556
mediante mecanismos intrincados, complejos y en buena medida impredecibles estas rocas se formaron en el interior de la tierra a partir del magma caliente
tras su enfriamiento lento y grandes presiones afloraron a la superficie de la tierra y la erosión se hizo dueña de su destino y el mar con su eterna paciencia las pulió y les dio la forma, a través de la cual se puede apreciar su estructura intima
lo simple surge de lo complejo, la esencia después del caos, es un proceso de claridad, donde la simplicidad se convierte en una forma de liberación y comprensión profunda
cantos rodados de andesita, playa de Las Negras. Almería
ref:2555
cuántas veces hemos escuchado este consejo de alguien cercano ante nuestro entusiasmo por llevar a cabo una vida creativa
sentir pasión es maravilloso pero no siempre está ahí y a veces la esperamos para que ella nos dicte el camino, sin embargo la curiosidad está a tu lado, te susurra a diario, se acerca a ti casi sin sentirla, es la que hace que algo llame tu atención, eh! qué es eso?, y entonces ya tienes la primera pista, comienza la caza del tesoro
sigue la curiosidad, y puede que encuentres la pasión, o no, pero la recompensa será igual de satisfactoria
ref: 2254






