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los pétalos se pliegan con extrema delicadeza dentro del capullo con un patrón de doblado característico y, al abrirse, conservan las marcas profundas que recuerdan su origen
las cicatrices no desaparecen, las arrugas son parte de su historia

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es fácil percibir la belleza de esta peonía silvestre si la asociamos a lo nuevo, joven, intenso, llamativo, pero al hacerlo esa belleza se vuelve rígida porque todo lo que se aleja de ese canon se entiende como pérdida , sin embargo si miramos la belleza como algo que solo puede darse en el momento presente deja de ser una cualidad fija y pasa a ser una relación entre lo que está en ese momento y la forma cómo la observamos 

decir que la perfección solo puede darse en el momento presente no significa que exista un instante ideal al que haya que aspirar, sino que cualquier idea de perfección fuera del ahora es siempre una construcción mental: un recuerdo o una expectativa

por ello os traigo el siguiente momento de la flor, el del marchitamiento, lo que varía no es solo su apariencia, sino su lenguaje, ya no habla de expansión, sino de retirada, ya no es tensión y apertura, sino repliegue, fragilidad, transformación

si seguimos buscando en ella el color brillante o la simetría absoluta, la veremos como algo que ha perdido valor pero si ajustamos la mirada a ese momento aparecen otras cualidades: la complejidad de las formas que antes no se veían, texturas más ricas, menos uniformes, tonos apagados que contienen más matices…

lo que cambia entonces no es el objeto, sino el criterio, la belleza, entonces, deja de ser espectáculo y se convierte en equilibrio entre forma y momento y cuando uno empieza a mirar así, no solo cambia la percepción de una flor marchita, sino la relación con todo lo que envejece, se transforma o se aleja de lo esperado

no trato de “forzar” a ver belleza donde no la hay, sino de dejar de exigirle a lo que vemos que cumpla un ideal previo, su forma actual es tan perfecta como lo fue su apertura 

olvidemos lo que fue antes o será mañana, la intención aquí no es buscar lo bonito, sino estar dispuesto a reconocer que lo que está en el momento presente sin compararlo, está completo

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hay algo profundamente humano en esa necesidad de ordenar el tiempo en ciclos visibles, de comprender lo que cambia utilizando formas simples y es también profundamente humano desear acercarnos a aquello que parece lejano y constante, de explorar lo inalcanzable, de ir más allá de lo que durante miles de años solo hemos observado

la Luna es una referencia silenciosa para el ser humano no solo marca ciclos naturales sino que también ofrece una forma de entender los propios cambios internos

siempre será un un destino para algunos y marcará el ritmo del universo para todos

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los fragmentos de corteza ya no pertenecen al tronco, pero aún conservan su historia, las superficies cenicientas hablan del tiempo y la exposición, mientras que los tonos anaranjados que quedaron al descubierto muestran lo que antes estaba protegido

en ese paseo, la humedad, el frío, la luz suave filtrándose entre nubes altas invitaban a bajar el ritmo  y es entonces cuando apareció una forma de claridad tranquila, los contrastes, las texturas, las formas irregulares dejaron de ser detalles insignificantes

 la mente estaba preparada para la contemplación

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la primavera llega sin apresurarse, cada forma de vida responde al momento que le corresponde

los primeros brotes son pequeños, discretos, pero anuncian un proceso imparable que continuará durante semanas y esta transformación gradual muestra cómo los cambios importantes rara vez ocurren de golpe, más bien se despliegan en movimientos suaves, casi invisibles al principio, que con el tiempo revelan una renovación completa

la vida se desarrolla en un estado permanente de cambio, florece, madura, se recoge y vuelve a empezar, ciclos en los que nosotros también nos hallamos, etapas de quietud y repliegue interior, seguidos de expansión y vitalidad

la vida es cambio continuo, crecimiento que surge sin esfuerzo y renovación que sigue su propio ritmo

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los restos marinos habían quedado varados entre los cantos rodados después de las fuertes olas, como si el mar hubiera dejado, sin prisa ni intención aparente, un pequeño inventario de su paso

todo estaba allí solo por un momento, la próxima marea probablemente se llevaría parte de esos restos y traerían otros distintos, nada estaba fijado, nada estaba hecho para permanecer y, sin embargo, en ese instante preciso todo parecía completo tal y como estaba

bastaba con mirar la escena y dejar que ese breve equilibrio existiera antes de disolverse otra vez en el movimiento del mar

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los pétalos, abiertos como pequeños vestidos extendidos, ensayan el inicio de una danza que se despliega poco, al principio de una forma contenida, a su propio ritmo, sin prisa

cada forma es transitoria, cada flor contiene la siguiente y la flor desplegada completamente no es su estado final sino un instante al que seguirá el inicio de otro estado, el de maduración 

 el capullo no se apresura, deja que las cosas sucedan, la armonía no se fuerza

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no se aferran al tallo que las sostuvo, tampoco anticipan el lugar donde caerán, simplemente están en tránsito

su forma está diseñada para no resistirse al aire, confían en el flujo natural de las cosas

es la belleza de soltar, de comprender que el movimiento no siempre requiere voluntad, que a veces  avanzar es simplemente dejarse llevar

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esperar se ha convertido en una anomalía, nuestra relación con el tiempo en nuestra sociedad esta alterado por las prisas del deseo inmediato y con ello nuestra paciencia se atrofia

esta foto la he ido formando a lo largo de varios días, de vez en cuando entraba en la habitación, colocaba algunos fragmentos, miraba directamente o a través de la cámara, modificaba, quitaba, añadía, lo dejaba en pausa y volvía de nuevo pasado un tiempo

puede parecer un proceso lento pero la inmediatez a veces puede arruinar el resultado porque elimina el tiempo de maduración

ese tiempo de espera es muy importante en el proceso paciente de su construcción y es que el intervalo entre el deseo y el resultado es el lugar donde las cosas ocurren, en ese tiempo las ideas van tomando cuerpo y al final el resultado puede ser distinto del inicial proyectado, porque la espera enseña, transforma y de alguna forma te prepara para  acoger lo inesperado

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