fui reuniendo flores, hojas, semillas y frutos, moviéndolos una y otra vez hasta que, sin saber muy bien por qué, dejaron de pedirme cambios
ninguno de estos elementos pertenece al mismo lugar ni al mismo momento, pero durante un instante encontraron una forma de convivir, me gusta cuando esto ocurre
a veces la composición no nace de una idea previa, sino de una sensación difícil de explicar, basta con seguirla hasta que, de repente, todo parece estar donde debe
ref: 38
la luz revela la forma, pero es la sombra la que le da profundidad
cuando fotografío un objeto natural no busco inundarlo de luz, prefiero que una parte permanezca en penumbra, porque es ahí donde la forma adquiere volumen y la materia parece cobrar vida
en la naturaleza casi nada resulta completamente visible, todo muestra su belleza cuando la luz se desliza sobre ellos y deja que una parte permanezca en silencio
la belleza no nace del exceso, sino de la contención, de ese delicado equilibrio entre lo que la luz revela y lo que la sombra aún guarda
ref: 37
hay equilibrio sin simetría
los verdes oliva, ocres y rosas apagados se suceden con suavidad, mientras el fondo negro les trasmite intensidad
el peso visual se concentra en el corazón de la rama y se aligera hacia los extremos, donde las sámaras esperan el momento de desprenderse y dejar que el viento complete su viaje
es la paradoja de estas semillas, nacidas para ser ligeras, la fotografía les concede, por un instante, una plácida sensación de permanencia
ref: 36
después de muchos años de olas, viento y arena, cuesta distinguir cuáles pertenecen a un mundo y cuáles al otro
el mar no pierde el tiempo buscando el origen de las cosas, trata con la misma paciencia a una concha y a un trozo de vidrio, a unas les rescata su brillo nacarado, a los otros les borra el pasado
reF. 35
la hortensia ha descubierto que la sutileza es la esencia de la elegancia
ahora que sus pétalos son translúcidos y el azul es solo un recuerdo, resulta infinitamente más interesante que cuando estaba viva
exhibe sus heridas con una delicadeza imperturbable, como si supiera que la perfección es un invento para plantas que aún no han aprendido a envejecer con estilo
ref: 34
en la tarde del día mas largo de verano, el paseo discurre entre cunetas resecas donde las avenas se mecen como estandartes dorados bajo una luz que se resiste a desaparecer, mientras, sobre los campos a puntos de ser segados, las cogujadas hacen vuelos rasantes sobre las semillas maduras llenando el aire con sus voces inquietas y ligeras
el paseo se vuelve lento y entre la sequedad del paisaje, el hinojo intensamente verde, perfuma la brisa caliente y ofrece un descanso en la mirada
de regreso, la luz tardía parece quedarse un momento más sobre los campos
ref33
observo esta orquídea blanca y me invade una extraña incomodidad, su simetría es tan impecable que roza lo artificial, su perfección es tan absoluta que, en lugar de conmoverme, me aparta
sé que ella no eligió esta quietud, pero su superficie intacta, sin un solo rastro de viento, polvo o deterioro, se me vuelve ajena, una presencia sin alma
esa perfección pulcra me genera una fría desconexión, sin la huella del tiempo que me permita descifrar que la vida realmente fluye ahí dentro, me resulta difícil emocionarme, falta el error, el daño, el hermoso desorden de la transformación
ref: 32
la gardenia blanca modelada por el sol, el viento y la lluvia ha dado paso a la otra belleza de líneas rotas y bordes crujientes que no es ordenada ni pulida, que no siempre brilla y que siempre susurra en la sombra
el orden perfecto es estéril, la vida es orgánicamente desordenada
ref: 31
nada alcanza un punto fijo, nada aparece de golpe, nada se detiene, nada termina del todo
todo cambia de forma
todo continúa avanzando
ref: 30
de pronto el aire trae un aroma que nos atrapa y antes de que hayamos tenido tiempo de reflexionar, antes incluso de poder dar nombre a lo que acabamos de sentir, nos detenemos un instante suspendidos en un recuerdo fugaz que creíamos olvidado, no como una idea o un relato, sino como una presencia física que reaparece por un instante dentro de nosotros
ese momento contiene la prueba de que no sólo somos mentes que ponemos palabras y relatos a nuestro recuerdos, somos cuerpos que guardan la huella de lo que ha sido vivido y a veces olvidado por nuestra conciencia pero nunca borrado del todo
esta memoria difusa, mas corporal, mas difícil de captar, se manifiesta como un pequeño escalofrío ante una situación, una tensión repentina, una relajación ante alguien presente o tal vez una alteración de la respiración por algún sonido o palabra, el cuerpo responde con unas señales sutiles que llegan desde el interior como una forma de conocimiento más profundo
esta clase de memoria, no pide permiso a la conciencia para actuar, es el cuerpo que recuerda
ref: 29





