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fui reuniendo flores, hojas, semillas y frutos, moviéndolos una y otra vez hasta que, sin saber muy bien por qué, dejaron de pedirme cambios

ninguno de estos elementos pertenece al mismo lugar ni al mismo momento, pero durante un instante encontraron una forma de convivir, me gusta cuando esto ocurre

a veces la composición no nace de una idea previa, sino de una sensación difícil de explicar, basta con seguirla hasta que, de repente, todo parece estar donde debe

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la luz revela la forma, pero es la sombra la que le da profundidad

cuando fotografío un objeto natural no busco inundarlo de luz, prefiero que una parte permanezca en penumbra, porque es ahí donde la forma adquiere volumen y la materia parece cobrar vida

en la naturaleza casi nada resulta completamente visible, todo muestra su belleza cuando la luz se desliza sobre ellos y deja que una parte permanezca en silencio

la belleza no nace del exceso, sino de la contención, de ese delicado equilibrio entre lo que la luz revela y lo que la sombra aún guarda

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hay equilibrio sin simetría 

los verdes oliva, ocres y rosas apagados se suceden con suavidad, mientras el fondo negro les trasmite intensidad

el peso visual se concentra en el corazón de la rama y se aligera hacia los extremos, donde las sámaras esperan el momento de desprenderse y dejar que el viento complete su viaje

es la paradoja de estas semillas, nacidas para ser ligeras, la fotografía les concede, por un instante, una plácida sensación de permanencia

ref: 36

después de muchos años de olas, viento y arena, cuesta distinguir cuáles pertenecen a un mundo y cuáles al otro

el mar no pierde el tiempo buscando el origen de las cosas, trata con la misma paciencia a una concha y a un trozo de vidrio, a unas les rescata su brillo nacarado, a los otros les borra el pasado

reF. 35

la hortensia ha descubierto que la sutileza es la esencia de la elegancia

ahora que sus pétalos son translúcidos y el azul es solo un recuerdo, resulta infinitamente más interesante que cuando estaba viva

exhibe sus heridas con una delicadeza imperturbable, como si supiera que la perfección es un invento para plantas que aún no han aprendido a envejecer con estilo

ref: 34

en la tarde del día mas largo de verano, el paseo discurre entre cunetas resecas donde las avenas se mecen como estandartes dorados bajo una luz que se resiste a desaparecer, mientras, sobre los campos a puntos de ser segados, las cogujadas hacen vuelos rasantes sobre las semillas maduras llenando el aire con sus voces inquietas y ligeras

el paseo se vuelve lento y entre la sequedad del paisaje, el hinojo intensamente verde, perfuma la brisa caliente y ofrece un descanso en la mirada

de regreso,  la luz tardía parece quedarse un momento más sobre los campos

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observo esta orquídea blanca y me invade una extraña incomodidad, su simetría es tan impecable que roza lo artificial, su perfección es tan absoluta que, en lugar de conmoverme, me aparta

sé que ella no eligió esta quietud, pero su superficie intacta, sin un solo rastro de viento, polvo o deterioro, se me vuelve ajena, una presencia sin alma

esa perfección pulcra me genera una fría desconexión, sin la huella del tiempo  que me permita descifrar que la vida realmente fluye ahí dentro, me resulta difícil emocionarme,  falta el error, el daño, el hermoso desorden de la transformación

ref: 32

la gardenia blanca modelada por el sol, el viento y la lluvia  ha dado paso a la otra belleza de líneas rotas y bordes crujientes que no es ordenada ni pulida, que no siempre brilla y que siempre susurra en la sombra

el orden perfecto es estéril,  la vida es orgánicamente desordenada

ref: 31

nada alcanza un punto fijo, nada aparece de golpe, nada se detiene, nada termina del todo

todo cambia de forma 

todo continúa avanzando

ref: 30

de pronto el aire trae un aroma que nos atrapa y antes de que hayamos tenido tiempo de reflexionar, antes incluso de poder dar nombre a lo que acabamos de sentir, nos detenemos un instante suspendidos en un recuerdo fugaz que creíamos olvidado, no como una idea o un relato, sino como una presencia física que reaparece por un instante dentro de nosotros

ese momento contiene la prueba de que no sólo somos mentes que ponemos palabras y relatos a nuestro recuerdos, somos cuerpos que guardan la huella de lo que ha sido vivido y a veces olvidado por nuestra conciencia pero nunca borrado del todo

esta memoria difusa, mas corporal, mas difícil de captar, se manifiesta como un pequeño escalofrío ante una situación, una tensión repentina, una relajación ante alguien presente o tal vez una alteración de la respiración por algún sonido o palabra, el cuerpo responde con unas señales sutiles que llegan desde el interior como una forma de conocimiento más profundo

esta clase de memoria, no pide permiso a la conciencia para actuar, es el cuerpo que recuerda

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