el paseo al atardecer se interrumpió cuando encontramos estas gotas orgánicas sobre la arena
fotografiar las medusas luna fuera del mar fue un instante prestado y apresurado, un intento rápido por salvar su silueta efímera antes de que se disolvieran por completo en la nada
al aislarlas contra el negro, la mente inventó otra realidad, parecían burbujas de aire atrapadas bajo el agua, siendo solo cuerpos de agua entregados al aire
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al observar el caparazón de un erizo de mar es fácil pensar que alguien dibujó sus formas con intención estética, sin embargo, cada línea, cada poro y cada simetría responden simplemente a una necesidad de crecer, sostenerse y protegerse
la naturaleza no persigue la belleza como un objetivo, busca resolver problemas con la mayor eficacia posible y, casi sin proponérselo, crea formas de una armonía extraordinaria
en la naturaleza, la belleza rara vez es un propósito, nace cuando nada sobra y nada falta
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estas sámaras de fresno funcionan como un contenedor de posibilidades absolutas, en su interior, las pequeñas semillas guardan una memoria que conecta el pasado de la tierra con el futuro de un paisaje entero
en este espacio suspendido, cada grano custodia una red invisible de conexiones cósmicas, un refugio diminuto y perfecto donde la materia del universo se organiza para esperar su momento y volver a empezar
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fui reuniendo flores, hojas, semillas y frutos, moviéndolos una y otra vez hasta que, sin saber muy bien por qué, dejaron de pedirme cambios
ninguno de estos elementos pertenece al mismo lugar ni al mismo momento, pero durante un instante encontraron una forma de convivir, me gusta cuando esto ocurre
a veces la composición no nace de una idea previa, sino de una sensación difícil de explicar, basta con seguirla hasta que, de repente, todo parece estar donde debe
ref: 38
la luz revela la forma, pero es la sombra la que le da profundidad
cuando fotografío un objeto natural no busco inundarlo de luz, prefiero que una parte permanezca en penumbra, porque es ahí donde la forma adquiere volumen y la materia parece cobrar vida
en la naturaleza casi nada resulta completamente visible, todo muestra su belleza cuando la luz se desliza sobre ellos y deja que una parte permanezca en silencio
la belleza no nace del exceso, sino de la contención, de ese delicado equilibrio entre lo que la luz revela y lo que la sombra aún guarda
ref: 37
hay equilibrio sin simetría
los verdes oliva, ocres y rosas apagados se suceden con suavidad, mientras el fondo negro les trasmite intensidad
el peso visual se concentra en el corazón de la rama y se aligera hacia los extremos, donde las sámaras esperan el momento de desprenderse y dejar que el viento complete su viaje
es la paradoja de estas semillas, nacidas para ser ligeras, la fotografía les concede, por un instante, una plácida sensación de permanencia
ref: 36
después de muchos años de olas, viento y arena, cuesta distinguir cuáles pertenecen a un mundo y cuáles al otro
el mar no pierde el tiempo buscando el origen de las cosas, trata con la misma paciencia a una concha y a un trozo de vidrio, a unas les rescata su brillo nacarado, a los otros les borra el pasado
reF. 35
la hortensia ha descubierto que la sutileza es la esencia de la elegancia
ahora que sus pétalos son translúcidos y el azul es solo un recuerdo, resulta infinitamente más interesante que cuando estaba viva
exhibe sus heridas con una delicadeza imperturbable, como si supiera que la perfección es un invento para plantas que aún no han aprendido a envejecer con estilo
ref: 34
en la tarde del día mas largo de verano, el paseo discurre entre cunetas resecas donde las avenas se mecen como estandartes dorados bajo una luz que se resiste a desaparecer, mientras, sobre los campos a puntos de ser segados, las cogujadas hacen vuelos rasantes sobre las semillas maduras llenando el aire con sus voces inquietas y ligeras
el paseo se vuelve lento y entre la sequedad del paisaje, el hinojo intensamente verde, perfuma la brisa caliente y ofrece un descanso en la mirada
de regreso, la luz tardía parece quedarse un momento más sobre los campos
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observo esta orquídea blanca y me invade una extraña incomodidad, su simetría es tan impecable que roza lo artificial, su perfección es tan absoluta que, en lugar de conmoverme, me aparta
sé que ella no eligió esta quietud, pero su superficie intacta, sin un solo rastro de viento, polvo o deterioro, se me vuelve ajena, una presencia sin alma
esa perfección pulcra me genera una fría desconexión, sin la huella del tiempo que me permita descifrar que la vida realmente fluye ahí dentro, me resulta difícil emocionarme, falta el error, el daño, el hermoso desorden de la transformación
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